miércoles, 27 de abril de 2011

MANUAL DE TIPOGRAFÍA



De entre las páginas del manual de tipografía, he decidido recoger dos páginas que se han repetido en cuanto a estructura a lo largo de todo el trabajo, y que, personalmente, me ha gustado mucho la forma de ser estructuradas. La primera de ellas nos muestra las instrucciones de cómo realizar una retícula mediante el Diagrama de Honnecourt. A la hora de explicar este proceso, además de ir explicando los pasos a desarrollar, incluí una serie de imágenes para que no cupiese la posibilidad de pérdida en caso de ir realizando el ejercicio usando dicho manual como muestra.


Además, a lo largo de todo el trabajo he tratado de emplear el color rojo, protagonista (puesto que en el intento de imitar un pergamino también empleo iniciales miniadas, hecho que se puede observar en la portada) a la vez que me ayuda a resaltar determinadas zonas de la imagen.


Por otro lado, he decidido incluir otra página que se ha ido repitiendo en cuanto a estructura a lo largo del trabajo. Se trata de las páginas de muestras tipográficas, con objeto de analizar estas y mostrar un ejemplo. Se puede observar como de nuevo el color rojo se emplea para resaltar los elementos a destacar. Me gustó bastante el incluir una pequeña frase que defina cada tipo de letra de un modo más "literario" que técnico. Se puede observar como en todas las páginas de muestras tipográficas encontramos también en la esquina inferior derecha el nombre de la fuente que se a analizado con anterioridad. 


Por lo general, me gustan más las primeras páginas del trabajo que las finales, puesto que son más gráficas, y porque también ha influido que a lo largo del trabajo el ánimo ha ido decayendo, el cansancio hace que se comentan más errores y por tanto también, que haya tenido que realizar más correcciones y volver a trabajar sobre lo trabajado.


Por lo general, el realizar un manual tipográfico ha sido bastante duro, de cara a que se deben de comprender a la perfección el contenido para poder plasmarlo correctamente. Por supuesto no ha sido una tarea tan ardua como debió ser la realización del manual por parte de Bodoni, pero no he muerto mientras lo realizaba y nadie ha tenido que acabarlo por mi.

lunes, 11 de abril de 2011

EL BIBLIÓFILO, AQUEL EXTRAÑO SER

Los libros de fondo antiguo (1471 - 1800) siempre han sido estudiados por grupos muy reducidos de eruditos, bibliotecarios, bibliógrafos, bibliófilos e investigadores. 

El ser bibliófilo es una adicción sobre los libros que transforma tu tiempo y tu mente. Si definiésemos bibliofilia como "amor a los Libros", muchas personas serían bibliófilos; por lo tanto, una buena definición sería "amor desenfrenado al libro", pasión, al fin y al cabo. Así, la RAE describe la bibliofilia como "pasión o afición por el libro en razón de su valor histórico o estético, especialmente por los antiguos, raros y curiosos".


Se trata de una definición con acento en el continente del libro más que en el contenido, en factores exógenos más que endógenos, en el cuerpo más que en el alma. Pero debemos de tener en cuenta que lo que diferencia a un bibliófilo de un mero coleccionista, es que el texto de nuestra obra va a ser el alma,  siendo por tanto el contenido lo que dará valor al libro y el continente tan solo lo acrecentará.

Por tanto, bibliófilo es sinónimo de "coleccionista de libros", pero como no se puede coleccionar todo lo publicado, es necesario una acotación o especialización. Así pues, un bibliófilo es aquel que tiene una biblioteca temática o una colección con uno o varios hilos conductores que la diferenciarán de las demás. Para conformar dicha colección hará falta tiempo (para documentarse, localizar e informarse) y paciencia para ir formando la colección (puesto que muchas veces algunos libros tan sólo aparecerán en el mercado cuando su anterior coleccionista ha muerto o se ha desecho de su biblioteca; además que también influye el factor suerte - de encontrarse con dicho ejemplar).



Cuanto más completa llegue a ser una colección (nunca se termina de completar), más se incrementa en su estimación y valoración. 

"Se ama lo que se conoce", y es por ello que el bibliófilo debe poseer unos conocimientos de cierta relevancia: sobre el libro y su historia, bibliografía, edición, técnicas de impresión, tipografía, tipos, características del papel, ilustración, encuadernación, etc. Además de contar conocimientos sobre el tema de su colección. 




¿Dónde podremos encontrar este tipo de ejemplares?

El bibliófilo, con una serie de herramientas: los repertorios Bibliográficos, los catálogos de librero y casas de subastas e Internet (una gran feria mundial), deberá buscar en:
- El mercado real (actual): se trata de la oferta de libros que existen en las librerías anticuarias. 
- Mercado potencial: los libros existentes en bibliotecas de otros bibliófilos y particulares.
- Mercado de fondo antiguo: un mercado finito y de oferta limitada, a repartir entre el mercado real y el potencial. 

El mercado del libro antiguo pues, está conformado por un 80% libreros que se encuentran localizados y domiciliados (los auténticos profesionales de la compra - venta del libro antiguo) y un 20% de particulares (que en un principio serán demandantes y posteriormente - con bastante posterioridad - demandantes).




Pero: ¿qué están valorando los bibliófilos?, ¿qué están comprando? y ¿qué están pagando?

Los libros en general y las novedades en particular, que inundan las librerías de los grandes almacenes son artículos de consumo y de ocio (salvo los de texto, que son herramientas de trabajo) pero nunca una primera necesidad, por lo que se someten a las leyes de la oferta y de demanda. 

Los libros antiguos, de bibliófilos y de colección, por su parte, se convierten en artículos de lujo, en obras de arte, formando parte del mismo mercado que las obras de arte y antigüedades; que por lo general, serán comprados por personas que tienen sus necesidades básicas de uso y consumo cubiertas.

Éste siempre mirará desde el punto de vista histórico - cultural, estético y de rareza, buscando siempre la excelencia (a diferencia de un investigador, bibliotecario o bibliógrafo). Por ejemplo, a un bibliotecario no le servirá para nada un libro intonso (libro con pliegos sin guillotinar). 

Así, aspectos a valorar pueden ser:
1. El contenido: examinando tanto obra como autor y materia sobre la que versa el ejemplar.
2. La antigüedad: la época del ejemplar.
3. El estado del ejemplar: mejor cuanto más se asemeje a su estado inicial de fabricación (primera edición).
4. Que esté completo, falto o mutilo.
5. Calidad del papel.
6. Procedencia, presencia de autógrafos, comentarios manuscritos y otras señas de identidad (como ex-libris).
7. Taller tipográfico en que fue realizado: lugar y origen.
8. Artes gráficas: diseño, materiales utilizados, márgenes.
9. Ilustraciones, dibujos y grabados.
10. La encuadernación: si es original o reencuadernada.


¿Cómo deshacerse de los libros?

Al final (aunque sea lo más tarde posible), el bibliófilo sólo tendrá tres salidas para desprenderse de sus libros:
- Donación.
- Fundación.
- Venta.





FUENTE: Nosotros los bibliófilos, Conferencia de Joaquín González Manzanares


lunes, 4 de abril de 2011

LA GALAXIA DE GUTENBERG



"... Dios esparcirá su Palabra y así , una primavera de verdad saldrá desde ella: como una nueva estrella quitará la oscuridad de la ignorancia y provocará una luz entre los hombres.” 
Johannes Gutenberg (c.1400-1468)




Con Galaxia, ya se refería Mc Luchan a todo aquel medio ambiente o circunstancia que rodeaba a Gutenberg para la creación de su invento. Toda tecnología tiende a crear un nuevo mundo circundante para el hombre. Así, la escritura y el papiro, como hemos visto, crearon el medio ambiente social de los imperios del mundo antiguo.


Estas diferentes galaxias son procesos activos que dan nueva forma tanto al hombre como a otras tecnologías. Al igual, en nuestros días, el súbito cambio de la tecnología mecánica de la rueda a la tecnología del circuito eléctrico representa una de las mayores conmociones de toda la historia.


Cuando toda la cultura que circulaba estaba relacionada con la galaxia de Gutenberg, era difícil imaginar esta crisis del libro y el mundo editorial, pese al previo aviso de algunos autores (como el ya nombrado Mc Luhan).

Pero las tradiciones continúan, los críticos literarios continúan buscando novelas, pretendiendo ignorar que el mercado del libro se está muriendo e ignorando que las obras que juzgan a penas pasan un mes en las librerías antes de ser descatalogadas, suplantadas por la nada, o por la infraliteratura que se ha ido apoderando de los escaparates de las librería y supermercados: generalmente históricas, de terror o policiacas.


Pero ahora, con la llegada de Internet, se deben dejar a un lado todos los cánones establecidos, tratando de colocarnos entre las dos corrientes, dejando de lado la visión pesimista, desesperante y los cantos fúnebres a las bellas artes. 


No se trata de decir adiós a los libros, sino a el modo de conocerlos. Poco a poco se va avanzando hasta un tipo de "autoedición", dónde el lector toma el protagonismo, dónde no importa tanto la calidad de la obra ni las opiniones de los críticos literarios (que al fin y al cabo siempre pudieron y han sido compradas), sino el número de seguidores de ésta, que al fin y al cabo, como en todo elemento de consumo en nuestra sociedad, se traduce en ventas.


Lo cierto es que estamos cruzando un puente en el que es difícil saber que hacer: si volver al cálido mundo Gutenberg, donde todo parece duradero y seguro, o saltar al otro lado.