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jueves, 17 de febrero de 2011

¿A partir de cuándo se puede hablar de sexo en la historia de la humanidad?

Hace aproximadamente unos 30 mil años, en el Paleolítico superior, contando ya con la presencia del Homo Sapiens Sapiens, cazador-recolector, aparecieron los primeros vestigios de lo que hoy entendemos como arte prehistórico. En un principio, empleado, como un medio de expresión, y por tanto, un lenguaje, y que se llevaba a cabo a través de pinturas y grabados rupestres, junto con las esculturas (material mobiliario). 
Las representación de animales es la temática más importante y variada en el arte paleolítico. Mucha literatura se ha vertido y se sigue vertiendo sobre el simbolismo de dichas representaciones. Se suele interpretar sobretodo como un supuesto poder de atracción ejercido sobre el animal representado, tratando de alcanzar una influencia sobre él, capturarlo o esperar del mismo mayor fertilidad. Rodeando a dichos animales, se suelen representar unos signos y símbolos, entre los cuales, encontramos representaciones de órganos sexuales masculinos y femeninos como culto a la fertilidad, vulvas y símbolos fálicos sobre todo.
En este período existen muy pocas representaciones pictóricas de antropomorfos, aunque sí podemos encontrar gran variedad de representaciones de partes del cuerpo humano, como son las manos, la representación de órganos sexuales, ect. 
Por un lado, se representan figuras humanas masculinas, que, por lo general, son representaciones caricaturescas, en muchas ocasiones con detalles zoomórficos, uno de los ejemplos más destacados es el llamado brujo de Trois-Frères. 
La representación figura femenina en el Paleolítico,  es bastante escasa, al margen de las representaciones de órganos sexuales acompañando a la fauna. Para centrarnos en dicha representación de la mujer, hablaremos del material mobiliario del paleolítico relacionado con la figura humana. Se encuentran pequeñas estatuillas talladas en piedra, hueso o modeladas en barro.
Estas pequeñas estatuillas, llamadas Venus, son de pequeño tamaño, oscilando entre los 5 y los 25 cm y tienen todas una serie de rasgos característicos. Generalmente representan mujeres desnudas de forma maciza, en las que las partes del cuerpo que no estaban directamente relacionadas con la fertilidad eran en algunos casos omitidas y en otro recibían un tratamiento deliberadamente olvidado o descuidado como podían ser las extremidades, tanto superiores como inferiores, representándolas de forma atrófica. 
La cabeza aparece como una simple forma ovoide, sin que se manifieste en ella rasgo físico alguno. Sin embargo cabe destacar la acentuación de los caracteres sexuales, centrando todo su interés en los senos, caderas, vientre y sexo, representándolos de forma desmesurada. 
Se trata de las primeras imágenes de carácter sexual, que a su vez, como decíamos, coinciden con el inicio de la expresión artística del hombre en el Paleolítico. 
Aunque en la actualidad la “selección” animal depende de otro tipo de parámetros, alejándose de la fertilidad, como al sistema de atracción epigámica (la atracción física en los humanos es un rasgo diferenciador del reto de las especies, potenciado por nuestra capacidad y deseo de aparearnos constantemente y sin objetivo exclusivamente reproductivo, sino erótico), podemos encontrar un cierto paralelismo entre los modelos de belleza de hace 20 mil años, y en la actualidad, con un mismo interés en lo senos, las caderas, el vientre y el sexo, representándolo de forma desmesurada.
Venus de Willendorf (1)


















Pamela Anderson (2).






Fuentes: 
www.celtiberia.net/articulo.asp?id=1445#ixzz1E30iRktK
Prólogo de “La imagen del sexo en la antigüedad” de Sebastián Celestino Pérez.

Acaso, M. 2009. La educación artística no son manualidades. Madrid: Catarata.


(1) Venus de Willendorf: la figura que se dió el nombre de Venus por sus formas muy femeninas, elaborada con instrumentos de piedra y fuego, y que hoy constituye el objeto de exposición más destacado del Museo de Historia Natural de Viena. Discrepancia de autores en cuanto a su cronología, 3 posibles períodos: Auriñaciense, Solutrense y Gravetiense.
(2) La neumática Pamela Ánderson (2001), la venus de Willendorf del siglo XXI.